
Por: Mary Paz
Un mestizaje musical con olor a copal, con sonido de tambores de raíces africanas y prehispánicas fue lo que ofrecieron la colombiana Totó La Momposina y Lila Downs la noche del pasado 5 de noviembre en el Auditorio Guelaguetza, dentro del marco de la XXXI Feria Internacional del Libro que se realiza en esta ciudad.
Bailes cantados, cumbia, salsa y ritmos africanos, heredados de la época de la colonización, fueron los géneros que Totó la Momposina regaló al público oaxaqueño y visitantes, tras iniciar el espectáculo, acompañada de sus tambores.
El calor, producido por los bailes dentro y fuera del escenario, encendió la alegría y la fiesta en el Guelaguetza casi lleno. La música sirvió, pues, como un enlace invisible entre las épocas pasadas y presentes, entre las tradiciones y costumbres de pueblos hermanos que olvidaron las fronteras para compartir su riqueza espiritual.
Totó aprovechó la noche para agradecer a Lila la invitación y la oportunidad de pisar tierra oaxaqueña y, así, abrirse camino en el gusto musical de los mexicanos.
“Zapata se queda” fue el tema que Lila y Totó dedicaron al caudillo mayor de la época revolucionaria, el cual está incluido en “Pecados y Milagros”, reciente material de Downs que fue presentado en la velada.
Con botella de mezcal en mano, con alegría en los ojos y con un entusiasmo transpirando por la piel, Lila Downs se plantó en el escenario y al ritmo del “Mezcalito” encaminó a los presentes a sumergirse en un recorrido por los dioses zapotecos, por el cielo de Monte Alban, por las cantinas reinadas por José Alfredo Jiménez y por los cementerios en los que alguna vez se escuchó el “Dios nunca muere”.
“Tu cárcel”, “La cumbia del Mole” y “Naila”, formaron parte del repertorio de la cantante de raíces oaxaqueñas y lengua extranjera, quien no dejó de mostrar su orgullo por rescatar la música tradicional mexicana, trabajo que no ha sido fácil pero que la ha llenado de bendiciones y reconocimientos.
En esa noche, a Lila la acompañaron el grupo “La Misteriosa” y la banda “Tierra Mojada” de San Andrés Huayapan, quienes también recibieron reconocimiento del público.
El Guelaguetza cobijó, entonces, a una oaxaqueña que logró recolectar los sabores del chocolate, del mezcal y de la tortilla, combinados con tambores colombianos, a pocos días de pasar las celebraciones del Día de Muertos











